Viajes, despedidas y corazones rotos

Hace unos años, cuando empecé a viajar, leí en alguna parte que los viajeros siempre saben que en algún momento tendrán que decir adiós.
Esta idea hizo eco en mi cabeza al igual que otros dichos lo hacen. Usted sabe que ellos dicen la verdad, pero no puede materializarlos hasta que puede vivirlos en carne propia.

Después de algunos viajes que creo que hen entendido lo que significa vivir una vida diciendo adiós.

Es muy difícil llegar a un lugar, conocer gente nueva y no sentir el frío de la despedida por delante. Hay una mezcla de alegría y miedo dentro de nosotros. En el fondo, sabemos que el día de decir adiós vendrá más tarde que temprano.

De hecho, es una situación que todo el mundo debería entender con cierta facilidad. Al final de cuentas ninguno de nosotros sabe a ciencia cierta que va a pasar el próximo minuto. Todos deberíamos estar viviendo nuestras vidas como si el momento siguiente nunca fuera a llegar. No siempre es tan fácil. A nadie le gusta pensar que hoy podría ser el último día, y por lo tanto vivir despidiéndose.

Creo que viajar nos hace entender un poco más todas estas ideas.

Llega un momento en la vida en que ni siquiera podemos comprar muebles, o cosas materiales, pensando en un futuro lejano. En cualquier momento vamos a tener que venderlos para viajar de nuevo. El problema es que, al igual que los muebles, usted támpoco será capaz de pensar en relaciones a largo plazo. Esto puede ser un problema. Las cosas cambian tan rápido que es difícil no pensar en que todo va a acabar algún día, en que tendrá que decir adiós otra vez, y que todo este proceso va a romper muchos corazones, incluyendo el suyo.

Vivir pensando en que las cosas siempre tienen un final, puede no ser la mejor manera de vivir, pero no tenemos otra opción. Asi como también es difícil ocultar el miedo de ese día llegar. Como ya he dicho en otra publicación (lea mas aquí) el miedo nunca desaparece, sólo aprendemos a lidiar con el.  Tratamos de engañar a los demás y a nosotros mismos, de convencernos de que esta vez “nos quedaremos para siempre.”

También nos gusta engañarnos a nosotros mismos, haciendo planes. Decimos que vamos a hacer esto y lo otro, en este orden específico y ese momento en particular. Sin ni siquiera imaginar que todos nuestros planes se balancean en una frágil estructura. Que con el más leve movimiento puede caer al suelo y tendremos que reconstruir y cambiar nuestro futuro una y otra vez. La vida ya se ha hecho cargo de mostrarnos eso en varias ocasiones, ¿no es así?

“El tiempo es como un hechizo. Nunca tenemos cuanto imaginamos.” El silencio en las montañas

Cambiar no es fácil. De hecho, duele. Pero es necesario. El cambio es lo que nos impulsa hacia adelante.

Con cada despedida cambiamos nuestro mundo y el mundo de las personas que nos rodean. Por eso nos duele decir adiós. Queremos que las cosas se queden como están para siempre. Y en un intento desesperado intentamos amarrar las cosas buenas en nuestra vida, porque nos hacen sentir bien y nunca queremos perderlas. Sin entender que solo conservamos lo que no amarramos.

Una buena amiga me dijo una vez: “Cuando firmé el contrato de nuestra amistad, no estipulaba que ella tuviera fecha de vencimiento y será difícil ver que te vayas.” Créanme cuando les digo que yo tampoco sabía, y que la próxima despedida también será difícil para mí.
Además, todo el mundo debe partir algún dia, porque nada permanece para siempre. Eso debemos recordarlo todo el tiempo.

“Uno conserva lo que no amarra”

Pero me gusta ser positivo. Aunque nuestros caminos se separen, aunque no sepamos cuándo nos veremos de nuevo o si seremos las mismas personas en el futuro. Desde ya soy feliz, y estoy agradecido con la vida, por el simple hecho de que nuestros caminos se cruzaron. Siempre debemos llevar con nosotros todos los buenos recuerdos, las risas, las resacas, las lágrimas, y sobre todo, el amor. Pues la felicidad de saber que hemos conocido a personas maravillosas en nuestras vidas y que serán parte de nuestra historia, es mucho mayor que la tristeza de una nueva despedida.

Despedidas nunca son fáciles. Siempre habrá lágrimas y corazones rotos. Pero están ahí para recordarnos que no importa lo difícil que es caminar con el corazón roto, siempre hay que seguir adelante. Con el tiempo su corazón encontrará una manera de estar bien otra vez.

Cristian Figueroa

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